En el café de la esquina a ella le pasaban lentas las horas mientras la luna, que se ocultaba tras una nube, confirmaba lo que ella ya sabía desde que el día había comenzado: la noche llegaría con una amargura, con un nuevo sinsabor, con una nueva lágrima, con un nuevo dolor…
El café, su más fiel compañero de batalla, no le supo a nada… (Tal vez por esos presagios de que no habría luz de día para ella).
La noche, su más grande enemiga, hoy se revisitió de crueldad y fue la cómplice de un vil asesino que terminó por llevarse, suspiro tras suspiro, la vida de quién llena de miedo decidió agrederse a sí misma.












Junio 21, 2008 a las 2:27 pm |
Triste que la luna lo hubiera visto y muy triste que la noche se preste siempre para cosas tan tristes.
Junio 22, 2008 a las 8:05 am |
La vida es lo suficientemente hermosa como para obligarla a irse de tan abrupta forma
nunca valdrá la pena agredirse y regar nuestra vida por los suelos, más bien debemos seguir regando células ya muertas, como hace dia a dia nuestro cuerpo.
abrazos.
Junio 27, 2008 a las 11:37 pm |
no se presta, nosotros nos entregamos a ella, no sabiendo si por instinto o por conciencia pero entre lo sublime que se nos manifiesta nos entregamos entre sus brazos