Mendicidad indígena en Medellín

febrero 25, 2012

Bueno, primero gracias a quienes aún se dan la pasada por acá y dejan sus comentarios. 2012 va rápido, no? Ya casi que es Marzo y yo aún no publicaba la primera entrada del año. Si les digo que ando a full con la Universidad, ustedes sabrán entender, ¿verdad? :)

Quise volver por acá para expresar mi sentir sobre de la mendicidad indígena en Medellín. En el último mes he tomado algunas fotos que cada que las vuelvo a ver me hacen pensar… ¿será que no nos cuestiona que este sea el lugar de los indígenas en Colombia? No creo estar errada si digo que en Ecuador, Bolivia y Perú se reivindican muchos los derechos de los pueblos originarios. Qué pasa en Colombia? El piso frío de la acera es lo que se merecen nuestros indígenas?*

Las imágenes hablan por sí solas. Yo prefiero no comentar más allá de que me parece lamentable que nuestra historia se vaya a la borda de esa forma.

Mujer indígena y sus hijos almorzando - Calle Colombia

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Sueños

noviembre 14, 2011

A mi me gusta soñar, siempre lo he dicho. Me gusta imaginar lugares e historias y creer en que todo puede estar mejor de lo que está ahora. Sí, medio útopico, medio iluso, pero es lo que me gusta hacer.  (A decir verdad, soñar me ha dado  excelentes resultados y se ha convertido en el motor para lograr cosas).

Sin embargo… qué hacer cuando de repente en el horizonte solo parece haber una gran nube que no deja ver más allá de? Qué pasa cuando se sueña tanto que de tanto qué es queda en nada?  La vida es como hilar, creo yo. Traer de allí y de allá, hacer acá para que eso se una con lo de allá. Es decir, si no hay un primer paso, no se puede dar el segundo, y sin dar pasos no puedes esperar que tus sueños se hagan realidad. Pero… el cansancio gana, la incertidumbre quiere imponerse, y el tiempo apremia. Será que de tanto afán por lo menos queda el cansancio?


Indiscutible: Las cosas cambian

agosto 30, 2010

Se tiene que estar muy grave para sentarse a escribir semejante barbaridad. (Hasta tautológico y redudante resulta). Pero sí: Las cosas cambian.

Y es entonces cuando te sientas, respiras y compruebas que este no es el aire que quieres, ni el que esperas, ni el que habías soñado. ¿Alguien puede decir qué se siente cuando no se siente nada?


3 de Junio de 2010

junio 3, 2010

A veces la vida nos pasa por agua y fuego y salimos tranquilos y llenos de bendita serenidad. Agotados del camino, sí, pero cargados de aprendizajes…

Otra veces no sucede tan tranquilamente y entonces la llama se quiere extinguir sin explicación alguna (ni para uno mismo ni para los demás) y pareciera que todo estuviera al revés. Momentos justos para que alguien se tome el tiempo de escucharte porque no tienes energía para dar. Antes necesitas recibirla. La pregunta es: ¿Nos tomamos el tiempo de preguntarle al otro por sí mismo y no por el cumplimiento de lo que se supone es su vida?

Ahí está la muerte: Leer el resto de esta entrada »


Caminando

febrero 20, 2010

Camino por la calle viendo en los ojos de las personas, las ausencias de las que estamos llenos. Sí, lo no logrado, la frustración, incluso la rabia no se ocultan tras el iris de ningún ojo. Por el contrario, se apropian de ellos reflejando las tormentas que se llevan detnro.

Sigo caminando y me encuentro con unas manos. Las mismas que han saludado, se han despedido, han escrito, acaraciado (o han sido simplemente manos).

Las manos dan maravillosa vida con solo palpar. Renuevan, dan energía, dan… vida.

Pero no, me gustan mas los ojos y defnitivamente me quedo con las miradas de cuando voy caminando. Con las que me dejan ver que aquella ha llorado, está cansada,  furiosa, enamorada o intranquila. También con esas que dejan ver el trabajo de aquel, el agotamiento del otro, la tristeza del de más allá y la guerra de tal y pascual.

Pascual vive en la esquina, tiene ojos y tiene manos pero está muerto.


Penélope

septiembre 11, 2008

El caballero miraba a través de la noche y con cada sombra se preguntaba si era realmente ella la que venía.

El caballero espero 10, 20 minutos, una hora; y palideció al percatarse de que ella nunca vendría. Que tan solo era un recuerdo, que nunca más le contestaría el teléfono, que sus ojos negros no brillarían más con la prontitud de su llegada, que sus palabras tontas e infantiles (esas que no le gustaban) no retumbarían más en sus oídos… Y hasta la empezó a extrañar por primera vez.

Aquel ser siguió mirando la noche, tomando café y esperando a que llegara Manolo, el gato torpe que siempre le acompañaba. Allí, parado al pie de la ventana, dejó escapar su último suspiro.

La noche lo llevó por un camino que llegaba hasta una luna llena y mientras saltaba de estrella en estrella se le olvidó que en su mano había una taza de café, la dejó caer, y se desplomó de una forma inexplicable que solo fue el anuncio de que había llegado a un agujero negro llamado soledad. Último sitio al que debía ir para olvidarse de que aquella misma mañana lo habían dejado sentado en la banca de un pequeño parque, con un enorme ramo de flores en su mano y un recuerdo vivo llamado Penélope.


Más cosas para contarle II

agosto 27, 2008

Si, no se asombre. Soy yo de nuevo… escribiendo como la idiota que siempre he sido para usted.

- ¿Qué no siga?

Si sigo, sigo escribiendo porque escribir es mi feliz escapatoria…

Sigo escribiendo porque si usted es culpable de su miserable existencia, yo también lo soy de la mía. Y siendo las cosas así, yo veré que hago con mi lápiz…

…De el puedo hacer salir los más bellos escritos, las más crudas palabras, la más sublime historia, y  hasta… esto.

Ah… y no se asombre tanto; que mi mas fiel compañero de batalla, siempre escribirá lo que el corazón necesite para descansar.

Pd. Más cosas para contarle I


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