Unas letras que querían ser cuento

octubre 23, 2009

Fire Poi Typography - Letters by Nir Tober - Creative Commons License

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Había una vez, letras que querían ser cuento. Sí, ostentar haber salido de la pluma de un buen escritor y luego viajar por el mundo pabonéandose en las salas de reuniones de las altas élites. Allí donde se fuma el mejor tabaco y se bebe el mejor vino.

Aquellas letras tenían todos los colores: A veces negras, a veces azules, incluso blancas si el ánimo lo ameritaba.

Que no digo mentiras! Yo las vi bailar alegremente al son de un buen tango, un buen bolero y una polca. Tan locas estaban.

Asesinas! Habían letras asesinas y ellas se encargaron de dañar tan buen momento: Algunas se convirtieron en gritos, otras en absurdos silencios.

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Al sur de Colombia.

septiembre 11, 2009

Viajar siempre me ha representado un placer.

Escuchar acentos, ver paisajes y construirse el cuento mental de que hasta el azul del cielo cambia, son varias de las razones que he construido para tomar una maleta y salir cuando tengo la oportunidad de hacerlo.

(Claro está, existen varios tipos de viaje: los de turismo, los de trabajo, los de congresos, los que salen mal y los que no se olvidan).

Siendo ese el orden de ideas no podría definir, con claridad, el que tipo de recorrido en el me encuentro en este momento. Recorro un un par de lugares al sur de Colombia en el marco de un viaje que surgió de necesidades personales y de un grito inminente que decía que necesitaba un pare.

Fue así como terminé embarcándome el miércoles con el bolso cargado de expectativas y ahora me siento a escribir que las cosas han salido bien y que de la misma forma espero que sea su término.

Por lo pronto, durante el siguiente par de días seguiré en plan “egoísta” (como me diría mi madre a modo de broma). Sí, a veces resulta que tenemos que buscar los espacios para generar reencuentros con nosotros mismos. Sucede que por épocas requerimos del volver al yo interno para fortalecerlo en pro de los roles de hijos, nietos, estudiantes, trabajadores y/o cualquier serie de estos en los que la vida nos haya puesto.


Para los que estamos llenos de ausencias

mayo 13, 2009

Para los que estamos llenos de ausencias ofrezco mucho para leer y mucho para escribir. Les pongo sobre la mesa un día que comienze a las 4 de la mañana (con hermoso amanecer garantizado) y que termine a eso de las 12:30 de la noche.

Además, para los que estamos llenos de ausencias también ofrezco proyectos aquí y allá dándoles la garantía de que solo se encontrarán con personas buenas.

Me adueño del viento y también se los brindo porque a mí ya no me sirve: Solo me trae el recuerdo de quien fue y ahora no es. Todo el susurra la voz que ya no oigo y dibuja el rostro que ya no veo.

Claro, y si a los que estamos llenos de ausencias también se les antoja un poquito de esperanza… pues que vuelvan la semana entrante!


Caminantes

marzo 19, 2009

Ayer vi a los caminantes: a los indiferentes, los miedosos, los valientes, los cansados, los enamorados, y los desahuciados.

Ví como sus pasos se convertían en fino polvo al contacto con el inmediato y fugaz presente. Descubrí que a la mayoría el pasado no le servía de nada.

Aún no terminaba de observarlos y el futuro ya se apropiaba de aquel presente, ahora convertido en pasado, mostrándole a cada cual las consecuencias de sus actos.

Continué contemplando el futuro,  hasta el instante en el que la muerte decidió cambiar el camino de los indiferentes, los miedosos, los valientes, los cansados, los enamorados, y los desahuciados.


Y que hago si no existes?

enero 3, 2008
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Tus ojos son negros, negros como la noche que a veces llega al alma… Pero no existen.

Tus brazos me han levantado cuando he caído, pero tampoco existen.

Tus manos han secado mis lágrimas, pero… no existen.

Tu sonrisa ha acompañado mis alegrías y mis triunfos… y tristemente no existen.

Seguramente te preguntarás por qué digo que no existes.

¿Acaso no te has dado cuenta que ya no perteneces a este mundo? Te has ido sin yo saber por qué, para dónde, ni con quién.

Te quise dar el saludo de año nuevo. Pero ¿como si no existes?

Ayer te llamé a la casa, pero nadie contestó… Se me olvidaba que no existes.

Hace un rato quise acompañarte, ir al mundo en el que estás. No quiero que te enojes, pero las fuerzas no me dieron y nuestro encuentro tendrá que esperar. Acuerdate que no existes… que un atardecer sopló sobre tí y no alcancé a ir contigo…

Por favor esperame, acepta que no logré acompañarte… Ese mismo atardecer lo impidió.

¿Qué hago si no existes? ¿Qué hago si no existe?

Pd. El atardecer engalanó mi cámara el 29/12/2007. tomé la foto desde mi casa (San Javier “La Loma”)