Las risas de hace un rato.

abril 3, 2008

Acabo de llegar del colegio donde mi mamá trabaja como profesora del grado primero…

Salimos a eso de las 9: 30 am con el objetivo de que yo digitara las notas correspondientes a este periodo, pero no se pudo hacer por problemas en el sistema…

En todo caso, dieron las 12:30 del día; mi mamá se fue a dar sus clases y decidí ir al salón donde ella estaba para despedirme.

Me recibió un mamasita (de un niño de seis años), ante el que mi mamá reaccionó preguntándole a sus estudiantes si sabían escribir esa palabra. Y claro, comenzó el deletreo m- a- m…

Tras las risas,  me pidió que me quedara para que le colaborara llevando los niños a la sala de cómputo y les enseñara las partes de un computador. Ahí empezó la odisea y la cantidad de sonrisas que desde ese momento me “sacaron” los niños.

Antes de ir a la sala, mi mamá decidió reforzarles algunas letras del alfabeto con canciones que ella ya les había enseñado. Realizó una especie de concurso en el que un niño con “problemas” de lenguaje era el presentador y otros seis eran los cantantes que el hiba presentado: “Dadas y cabelieros, nidos y ninas, con ustes Lely. Un grian aplaudo”. Decía aquel niño cada que un nuevo cantante salía, el movía sus manos y miraba a todos sus compañeros y compañeroa, cual presentador de televisión.

Luego, la tarea asignada a los niños fue escribir esas letras en sus cuadernos y yo les revisaba si habían escrito bien. Ante un “muy bien” varios niños salían corriendo y le decían a los otros, saltando, que yo los había felicitado.

Entre mire un cuaderno y mire otro, algunos se atrevieron a preguntarme el nombre o me decían: Usted es la hija de la profe?, Usted es muy linda; y cosas por el estilo.

Finalizada la revisión nos dirigimos a la sala de cómputo y allí si que corrí. Unos y otros llamaban a ponerme quejas de que este o cual había hecho un daño o estaba “moviendo” otra cosa. Lo más charro era que yo iba y lo máximo que había pasado era que habían tecleado sin cesar, o por “arte de magia” se había abierto cualquier cuadro de diálogo.

En la sala estuvimos casi dos horas. Mientras me despedía me decían: ¿mañana vuelve? ¡No se vaya! y un sin número de agradecimientos: que por que los había llevado a la sala, que porque yo era muy cariñosa, que porque les revisé los cuadernos; en fin, frases de niños que la verdad me hicieron disfrutar mucho el rato.

No hace mucho entré a mi casa y volví a salir al internet (que ya se encuentra en la esquina) para publicar esto. No me pude resisitir a la tentación de escribir la experiencia. 🙂

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