Al sur de Colombia.

septiembre 11, 2009

Viajar siempre me ha representado un placer.

Escuchar acentos, ver paisajes y construirse el cuento mental de que hasta el azul del cielo cambia, son varias de las razones que he construido para tomar una maleta y salir cuando tengo la oportunidad de hacerlo.

(Claro está, existen varios tipos de viaje: los de turismo, los de trabajo, los de congresos, los que salen mal y los que no se olvidan).

Siendo ese el orden de ideas no podría definir, con claridad, el que tipo de recorrido en el me encuentro en este momento. Recorro un un par de lugares al sur de Colombia en el marco de un viaje que surgió de necesidades personales y de un grito inminente que decía que necesitaba un pare.

Fue así como terminé embarcándome el miércoles con el bolso cargado de expectativas y ahora me siento a escribir que las cosas han salido bien y que de la misma forma espero que sea su término.

Por lo pronto, durante el siguiente par de días seguiré en plan “egoísta” (como me diría mi madre a modo de broma). Sí, a veces resulta que tenemos que buscar los espacios para generar reencuentros con nosotros mismos. Sucede que por épocas requerimos del volver al yo interno para fortalecerlo en pro de los roles de hijos, nietos, estudiantes, trabajadores y/o cualquier serie de estos en los que la vida nos haya puesto.

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